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Espiritualidad y Quejas

La queja revela una insatisfacción por algo incumplido, una expectativa, una promesa, algo que falta o que no se acepta, así como es o como ocurrió, con una consecuencia de sufrimiento. La instauración de la queja como forma de vida nos lleva a transformarnos en víctimas y quedamos atados a las circunstancias y personajes que nos atrapan desde el exterior, sin capacidad de fortalecernos y salir adelante con nuestra propia voluntad.

Desde la espiritualidad, es necesario primero tomar conciencia, sobre la emoción y los recuerdos con los que conectamos nuestra queja, para darnos cuenta si es nuestra parte niña(o) que está hablando desde nosotros, qué nos faltó en la infancia y qué nos decepcionó. Para qué prefiero quedarme en ese lugar de indefensión y seguir acarreando el malestar de una situación.

Aceptar el pasado tal como fue nos libera, ya que no se puede cambiar y es la base del presente. Esto me permite tomar mi historia como una experiencia valiosa e imprescindible para continuar hacia adelante.

En lo social, la queja se asocia también a la culpa, al hecho de buscar fuera de uno mismo las causas de infelicidad o de castigo y recompensa. Alzar la voz para opinar o manifestar un malestar es una opción que ayuda a la catarsis, sin embargo, no es lo que producirá un cambio profundo porque estamos empujando la superficie e ignorando que hay una manifestación de energía luminosa también en la adversidad.

Hay un mensaje oculto que rara vez miramos y que es necesario entender para luego facilitar los cambios. La divinidad te está dando y te dio exactamente lo que necesitas para crecer y elevar tu conciencia. Una vez que lo aprendes y lo agradeces, ya no tendrás que pasar por esa situación nuevamente o cuando vuelva a ocurrir, puedes modificar tu camino, tu actitud, alegrarte y decidir si quieres seguir atrapado o ya no estas disponible para eso.

Deja las quejas y avanzas hacia el ser y hacer, la unidad y totalidad. Gracias. GL